sábado, 23 de mayo de 2015

La dictadura de los tóxicos: una amenaza a escala global

El primer paso para la “desintoxicación”  es saber identificar y reconocer dónde hay una exposición a estos agentes en la vida cotidiana.
Dolores Romano, ingeniera agrónoma, afirma durante una charla organizada por Ecologistas en acción que la falta de cultura ambiental y de información deja a España lejos de otros países.
Tóxicos en el hogar / Foto: Albacete Capital
Tóxicos en el hogar / Foto: Albacete Capital
Los alimentos (especialmente los envasados), productos de limpieza, maquillaje o perfumes tienen en común su elevado nivel de toxicidad para el ser humano. La ciudadanía está rodeada de toxinas a través de incontables e intangibles objetos del día a día. La buena noticia es que se puede reducir considerablemente la exposición de las personas a las sustancias tóxicas, pero no es fácil, hace falta voluntad para evitar unos efectos adversos dañinos.
Lo dice Dolores Romano, Ingeniera Agrónoma, Consultora de Prevención de Riesgos Químicos, durante la charla debate organizada por Ecologistas en acción y en la que ha desvelado cómo reducir la exposición habitual a estas sustancias.  El primer paso para la “desintoxicación”  es saber identificar y reconocer dónde hay una exposición a estos agentes. Hasta ahora se consideraba que la alimentación era el foco más importante de exposición a las toxinas por los contaminantes ambientales que se encuentran en los tejidos grasos de los animales y pescados grandes, por el uso de plaguicida, pero poco a poco al estudiarse el ambiente interior de los hogares “va ganando  peso la exposición a tóxicos que vienen de la química que usamos en el hogar”, explica Romano. Y es que si eres una persona que usa y abusa de químicos de limpieza, estás más expuesto a los tóxicos.
La calidad de los muebles también influye, es decir, un hogar con muebles de madera maciza, con textiles de algodón va a tener menos químicos que un hogar cuyos muebles sean aglomerados o con muchos materiales sintéticos.  A esto se le suma la cosmética, aunque, tal y como advierte Dolores Romano, “no es que todos los maquillajes tienen sustancias químicas, no todos son tóxicos, pero el consumidor no tiene muchas herramientas para elegir”.
La exposición también está relacionada con la forma de vida. Un ejemplo es el ocio enfocado a los centros comerciales. Ésto, sin duda, hace que se tenga un mayor contacto con las sustancias nocivas que están en los ambientadores, aires acondicionados, productos sintéticos, comida rápida y empaquetadas tan característicos de las grandes superficies.
La  falta de cultura ambiental y de información deja a España lejos de otros países, generalmente del norte de Europa, donde las autoridades han puesto en marcha campañas de información y sensibilización para la ciudadanía. Es por ello que la mayor parte de la ciudadanía no es consciente del riesgo y se tiene hacia un estilo de vida muy vinculado a la toxicidad.
Cuestión de dinero
Como casi todo en las sociedades actuales la condición económica es determinante y la exposición a los tóxicos no iba a ser menos. “La contaminación no es democrática, simplemente estamos expuestos a contaminantes diferentes”, cuenta Romano, quien asegura: “los ricos no se libran y tienen otros contaminantes”.
Lo que sí está claro es que pertenecer a un estatus social bajo te lleva a vivir en barrios más contaminados, a consumir productos envasados. Dolores Romano explicaba que en Estados Unidos se han dado casos de una contaminación muy elevada por Bisfenol A  (una peligrosa sustancia cancerígena) en los niños más pobres que se alimentan de las bolsa de ayuda llegadas de la beneficencia, que  contienen mayoritariamente productos enlatados y envasados.
Alejarse de los tóxicos
De manera individual las personas pueden reducir su exposición a los tóxicos eliminando químicos de limpieza en el hogar, o en su defecto reduciéndolos, y el caso de la alimentación se debe llevar una pauta basada en las verduras, y productos frescos además de ecológicos.
Según Romano es posible conseguir reducir la exposición a los tóxicos de manera global, pero para lograrlo tendría que aplicarse  la normativa de la UE sobre tóxicos. Una normativa que no se ha llegado a aplicar por la presión de fabricantes de plaguicidas, etc.. ya que la norma prohíbe el uso de plaguicidas hormonales que jamás se ha llegado a aplicar, junto con la de biocidas, que podrían eliminarse de productos como los juguetes.
Una veintena de organizaciones han presentado a los partidos políticos unas cinco medidas sencillas y baratas para reducir la exposición a contaminantes hormonales para los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas.
1.- dejar de fumigar parques, jardines y espacios públicos
2,- dejar de usar sustancias tóxicas en edificios públicos. En las contratas y compras públicas eliminar estas sustancias.
3.- comedores escolares, de residencias, centros hospitalarios. Ect… alimentación ecológica y equilibrada.
4,- formar a profesionales de sanidad, educación y de medios de comunicación
5.- información y sensibilización
Pautas que no requieren una elevada inversión y que podría llevarlas a cabo cualquier Ayuntamiento de manera unilateral.
Consecuencias del exceso de exposición a los tóxicos
“Un informe de la OMS el año pasado sobre los alteradores hormonales, un grupo de sustancias químicas, decía que la exposición a estas sustancias está relacionado con los cánceres como el de mama, próstata, ovario…”, enumera la ponente. Además a estas enfermedades hay que sumarle  problemas de reproducción, desarrollo precoz, problemas de desarrollo neurológico, problemas de coordinación, sin mencionar las enfermedades metabólicas como la diabetes. “Todo esto está al alza y es una amenaza a escala global como lo pueda ser el cambio climático”.

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