miércoles, 29 de diciembre de 2010

MI TITA CARMEN

MI TITA CARMEN

Esta enfermedad… Está pudiendo conmigo. Con mis ánimos, mi sensibilidad…
Siempre diré que hay que luchar para que encuentren una solución, por el desgaste anímico que nos produce. Se ha averiguado del componente genético de la enfermedad, de sus implicaciones, en quizás un código genético que haga susceptibles a nuestros familiares, de poder padecerla. Casi todos recordamos a un pariente que, siempre dolorido, vivió su vida aún peor que nosotras. Os contaré el caso de mi tita Carmen, sí, tita.

Mi tita Carmen padeció dolores toda su vida, ella nos recordaba que desde los 20 años.
Mimada por su madre y sus hermanas, su queja continúa de sus dolores incomprendidos, resultaban desesperantes: siempre tenía una migraña, de aquellas de no poder abrir los ojos. Sus músculos, su espalda, sus piernas, nunca la sostenían adecuadamente. Sus noches en vela desesperadas la volvían loca. “Me duele todo, todo…” me decía siempre.

Acudió a los mejores especialistas que entonces había, y mi tita Carmen, nunca le encontraron nada. Conformados todos, (yo crecí viéndola siempre en un “ay”), sabiendo que no estaba operativa ni siquiera para un cumpleaños. Permanecía agarrada a la Analgilasa tomando hasta 6 diarias y nada, sus dolores no desaparecían. Su cabeza, siempre confundida, pedía a Dios que la llevara a un lugar de paz y sin sufrimiento.
A mi tita Carmen, la desgracia la perseguía, murió su madre, su hermana y fue invitada a abandonar el domicilio que tuvo durante los últimos 10 años. La vuelta a su antiguo hogar materno, fue una tragedia. Figurita a figurita, armario por armario, cajón por cajón intentó poner su vida otra vez en pie, ¡ella, que no le sostenían las piernas¡. No hacia más que llorar. La dejó abandonada en su casa, no la soportaba ...Sus dolores, sus quejas, verla siempre con mueca de tragedia.. Y por eso la echó, así la echó. Cuando me diagnosticaron FM pensé en ella. Recordé sus relatos de dolor y angustia, y entonces me puse a llorar. Mucho lloré, mucho y mi hermana no sabía por qué lloraba tanto; -“…Me acuerdo de la tita Carmen”, le dije.

Sola, sin apoyo, mi tita Carmen dependía de que le lleváramos la sopa o los flanes, el pan tierno que le gustaban...Los servicios sociales iban dos veces por semana a hacerle la cama. El resto, hacíamos lo que podíamos: Ordenar cajones, recoger la cocina hacerle compañía. ...En ninguna visita, de las miles que hizo al médico, le dijeron lo que tenía “....Histérica, ñoña, vaga... No está bien de la cabeza”, le dijeron a su madre, cientos de veces…Mi tita Carmen perdió el pelo un buen día. Su cabeza estaba llena de calvas. Se gastó lo que no tenía en potingues, aceites, lociones, para nada. Su pelo fue cubierto con un pañuelo que, encima no soportaba porque le hacía daño. Mi tita Carmen empeoraba y empeoraba. La soledad, el asilamiento, todo. Todo la perjudicaba mucho.
Un buen día de esos, de la visita al médico que no creía en sus dolores, se tronchó en la calle, a duras penas fue trasladada a su casa. No quiso llamar a una ambulancia. A pesar de todo, lo hicimos y después de 7 horas en urgencias, nos dijeron que no tenía nada. “¿Pero le han hechco una radiografía de cadera?”, - “Nada, está bien”.

Recluida definitivamente en cama, no podíamos ni tocarla, ni el más leve roce soportaba. Fueron los paliativos, la medicaban, pero nada.... Insistimos tanto que se la llevaron al hospital y la internaron con unos dolores atroces. - Tiene el fémur roto, nos dijeron Una inútil operación sirvió para que le pusiesen una medicación tan fuerte que a veces no nos reconocía. “Que no sufra más, que no sufra más…” pedíamos, “…Por Dios, que no sufra”.

Mi tita Carmen enchufada a una maquina vivió los dos últimos días de su vida, sin mueca de dolor. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando sintió que nada le dolía. (No os imagináis lo que estoy llorando al recordar...) Una mala atención médica, un descrédito como enferma, no la libraron de una FM no diagnosticada, no la libraron de un fémur roto y no detectado. No la libraron de la soledad, de la enfermedad continúa, del dolor más allá de lo soportable. Vivió incomprendida por los médicos, nunca acertaron lo que tuvo... Por eso mi diagnostico de FM me espeluzna y mucho más de los que no están diagnosticados pero, aún así, me pregunto, ¿de verdad que esta enfermedad tiene componentes genéticos?Creo que habéis comprendido que no estamos libres de tener un familiar con este diagnóstico.

Por eso es tan importante que nos escuchen, que sepan qué pasa en nuestras vidas, cómo es un día de los nuestros...Querid@s amig@s, siento esta historia tan triste y real, hoy es mi homenaje.
Hoy mi tita Carmen hubiese cumplido 80 años y creo que hoy todas debemos recordar a aquellos que por falta de un diagnóstico diferencial, viven o están viviendo el infierno del dolor crónico. Besos, queridas luchadoras.

Elena Navarro

Gracias Elena por compartir esta parte de tu vida tan dolorosa de recordar para tí, el leer lo que tu tita Carmen vivió es muy duro para cualquiera de nosotras por la incomprensión de los que la rodeaban, y por eso mismo no podemos quedarnos de brazos cruzados, con las pocas fuerzas que nos quedan tenemos que conseguir que no se vuelva a dejar de lado a los que vivimos en contínuo dolor, que se nos trate con el respeto que cualquier enfermo crónico merece, Isa


1 comentario:

  1. Que descanses en Paz, Tita carmen. Te envío besos allí donde estés. Que relato tan conmovedor, y tan cercano. Me has llegado al alma. Un abrazo.

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