Padres apuntan al timerosal como responsable del Autismo
La angustiante lucha en el Congreso contra las vacunas con mercurio
Un proyecto de ley busca terminar con el timerosal, un preservante
altamente tóxico en las vacunas que se inoculan a menores de 7 años y
embarazadas. Una organización de padres de niños con autismo asegura que
el componente está detrás de la enfermedad que cambió la vida de sus
hijos para siempre. Esta es la historia de su batalla y del tradicional
plan de inmunización chileno que, según ellos, el Gobierno no quiere
modificar sólo por motivos económicos.
Around the World de Red Hot Chili Peppers. El cover de Smooth
Criminal de Alien Ant Farm. Casi todo Molotov. La música logra conmover
en lo más profundo a Lucca, ahora que tiene 9 años. Pero no siempre fue
así. La primera conducta extraña fue después del año y medio. Comenzó
con una pataleta descontrolada, casi al mismo tiempo dejó sus juguetes
de lado. Lo único que quería era ver comerciales. Otros síntomas
comenzaron a sumarse pasando los dos años: no miraba a los ojos,
caminaba de puntillas, no soportaba ropa ni zapatos ni ruidos fuertes.
Se hacía pedazos la cabeza contra todo. Lucca no hablaba y Pilar
Palacios, su mamá, sentía que se hundía en un recipiente lleno de agua,
sin fondo.
A los tres años, Lucca fue diagnosticado dentro del espectro autista.
“Las conductas atípicas comenzaron luego de la vacuna de los 18 meses. A
los dos años era otro. Tal como nos han relatado otros padres de niños
diagnosticados con su misma condición. Tomamos exámenes a Lucca que
indicaban altísimas concentración de metales en su cuerpo”, cuenta
Pilar. Y entonces descubrieron un arma donde nunca pensaron que la
encontrarían: “Al no haber tenido contacto con fuentes de contaminación
directa como termómetros, consumo de productos del mar, químicos o haber
vivido en zonas altamente contaminadas, concluimos que lo único que
puede haber introducido esa cantidad de tóxicos en su cuerpo es la
inoculación de timerosal”, dice Pilar.
El timerosal es un compuesto que figura como preservante en las
vacunas. Tiene cerca de 49% de mercurio, el segundo metal más peligroso
para el ser humano después del uranio. Ya está en retirada en varios
países del mundo y ha estado presente desde 1930 también en productos
farmacéuticos para combatir la contaminación por bacterias y hongos.
Muchos padres de hijos autistas dicen que éste es el causante de la
situación de sus pequeños y ahora existe la primera opción de sacar,
totalmente, el compuesto del mercado chileno. Eso, si es que las vallas
con que se han encontrado en el Congreso, se los permite.
Los obstáculos
La historia del timerosal en el Congreso es, en resumen, ésta: en
mayo de 2010, la diputada Cristina Girardi —apoyada por otros diputados
de distintos partidos políticos— presentó un proyecto de ley para
eliminar el timerosal de las vacunas; un proyecto que fue votado por
unanimidad tanto en lo particular como en lo general en la Cámara de
Diputados y en el Senado. En mayo de 2011 el proyecto se votó en general
en la Cámara de Diputados y en particular de forma unánime.
El 9 de agosto del año pasado se votó por unanimidad nuevamente; esta
vez en el Senado. Sin embargo, la tramitación se detuvo al final debido
a dos indicaciones hechas por el senador Gonzalo Uriarte (UDI). La
primera de ellas dice que se deben permitir trazas (pequeños restos de
una sustancia) de hasta 1 microgramo (mcg) en todas las vacunas. La
segunda observación señala que el Presidente de la República tenga la
atribución para derogar esta ley, permitiendo más trazas de mercurio
cuando no haya disponibilidad en el mercado. Las acotaciones de Uriarte
también señalan que la ley comience a regir a partir de un año de su
promulgación y no en 6 meses como se solicitó inicialmente.
Las indicaciones retrasan una ley que otra vez golpea la parte más
débil del corazón en Chile: la igualdad. Finalmente la vacuna más
importante que aún contiene timerosal es la Pentavalente, cuya acción
apunta a la prevención de la difteria, tétanos y hepatitis B, entre
otros males. El punto es que las clínicas sí cuentan con vacunas libres
de este compuesto para sus clientes. Cuesta aproximadamente $ 60.000
cada dosis y cada una de ellas se aplican a los 2, 4, 6 y 18 meses de
vida.

Hay más de 600
referencias desde que se patentó el timerosal para el uso medicinal que señalan su peligrosidad. “Es deber del Estado proteger a su población
sabiendo que hay un daño colateral con el timerosal”, señala María
Cecilia Díaz, vicepresidenta de Bioautismo, una organización que nació
el año 2007 y agrupa a padres con hijos que viven esta enfermedad.
En el sistema público, nadie puede reclamar. Los estándares
internacionales imponen cifras y medidas mucho menores que las usadas
en nuestro medio. Así, para un niño de 2 meses que pesa 6 kilos, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) permite la existencia de 2,82 mcg
de timerosal. Por su parte, la Agencia de Protección Ambiental de
Estados Unidos (EPA) indica que este límite debe ser de 0,6 mcg. En
Chile, contenía hasta mediados del 2011, hasta 25 mcg. Hoy 1mcg.
La concentración en el papel impacta. De la misma forma en que María
Cecilia Díaz se impresionó al momento de buscar explicaciones para la
situación de su hijo Vicente, el menor de 5 hermanos que nacieron y
crecieron de forma normal. Sólo hizo una reacción alérgica a la leche
sustituta a los pocos meses, pero creció de buen tamaño, gateó, sus
primeros balbuceos fueron perfectos. Se reía, era cariñoso. Incluso
dormía tranquilamente por las noches. Todo esto hasta cerca del año y
medio. Su neurodesarrollo se vio relentificado, dejó de comunicarse.
Lloraba sin explicación alguna, sus sentidos se distorsionaron y ya no
soportaba la ropa, ni los zapatos, caminaba desnudo por la casa y por el
jardín. Dejó de dormir tranquilamente. Después de mucho deambular,
María Cecilia tuvo un diagnóstico certero: autismo. El camino fue largo,
pero hoy que Vicente tiene 14 años, ha logrado avanzar. Fue fundamental
una dieta libre de gluten, caseína, azúcar, químicos y preservantes.
Así mejoraron su sistema inmune.
Millones, millones
Hay más de 600 referencias desde que se patentó el timerosal para el
uso medicinal que señalan su peligrosidad. “Es deber del Estado proteger
a su población sabiendo que hay un daño colateral con el timerosal”,
señala María Cecilia Díaz, vicepresidenta de Bioautismo, una
organización que nació el año 2007 y agrupa a padres con hijos que viven
esta enfermedad.
El tema del costo es uno de los aspectos fundamentales en la
existencia aún de vacunas con timerosal en Chile. El plan de
inmunización cuesta 15 mil millones de pesos. Una de las alternativas
sería remplazar la vacuna pentavalente por la hexavalente disponible en
el mercado (que contiene polio inyectable en vez de oral) y que
significaría aumentar en 9 mil millones el programa. “Pero esta no es
una decisión que parte por un tema económico”, señala el subsecretario
de Salud Pública Jorge Díaz. “Hay un respaldo importante en cuanto a la
seguridad de la vacuna pentavalente. Por lo tanto tenemos una completa
certeza de que no genera ningún tipo de problema… Estamos convencidos
que no hay relación alguna entre autismo y timerosal”, asegura.
Sin embargo, para la diputada Cristina Girardi —quien ha impulsado la
iniciativa— hay pasajes en la historia que no cuadran. “El
subsecretario Díaz planteó en la comisión de Salud dos argumentos para
justificar las indicaciones. Una de ellas es que les cuesta reconocer el
tema del timerosal vinculado al autismo, uno por las demandas y porque
comprar sin timerosal les sale muy caro. O sea, ¿no quieres legislar
porque implica reconocer que esto puede generar daño en los niños y
abrir una puerta a las demandas? Eso es una aberración desde el punto de
vista de la salud pública”, afirma tajante Girardi. “Nosotros no
estamos en contra de que haya trazas, pero que no se inoculen en niños
menores de 7 años ni a mujeres embarazadas”, suma alternativas la
diputada.
Por eso, la petición de María Cecilia Díaz es como un grito: “La Ley
Antimercurio no beneficia a mi hijo, a él ya lo atropelló el tren y hoy
es un sobreviviente. Pero no queremos que otros sufran lo que uno pasó,
sobre todo porque esto sí es evitable. Si el autismo de mi hijo fuera
clásico, genético, un X frágil, nada qué hacer ni qué decir, pero no es
el caso. Yo tuve un bebé normal, hermoso, exquisito y el mercurio me lo
arrebató”.